Una vez había quedado con el “niño José” (un amigo), y como era normal, llegaba tarde. Así que decidí llamarle para montarle el pollo. Le llame y me salto el contestador. El niño José nunca había tenido contestador, me dije a mi mismo. Pero eso no fue un impedimento, para que le dejara un mensaje que venía diciendo algo así y con mucha pluma:
Que fuerte los de movistart, que te quitan el politono de Shakira y te ponen contestador. Llamales después y les montas el pollo... ¿Donde estas?... llevo esperándote como media hora... ¿no habíamos quedado?... ¡ES QUE NO TE EDUCO!... ¡NO-TE-E-DU-CO!
Unos minutos después llego el “niño José”... le pregunté porque no había contestado, y no nos sorprendió que ni tuviera una llamada perdida... así que tan tranquilos, funciona tan mal la telefonía móvil. La sorpresa fue, cuando esa misma tarde, los padres y la hermana de “el niño José”, escucharon mi mensaje en el contestador del teléfono fijo... Vamos, la familia, no sabía que él era gay...
Recuerdo mi primera melonada. Con 9 años. Fue en mi comunión.
Me tocó leer en la ceremonia. Pero cuando subí al altar, mire el nuevo testamento y no encontraba lo que me tocaba leer. Mire la iglesia y ví a todo el mundo mirándome, esperando que leyera. ¡MIEDO ESCÉNICO!. Entonces, me acerque al micro y pedí perdón:
A lo que al momento, escuche de toda la iglesia al unísono:
Me quedé helado, ya que no era esa la parte que me tocaba a mi. Así que dije por micrófono:
¡QUE NO! ¡QUE NO!... no es eso...
Y ya llegó el señor cura, con cara de pocos amigos y me señalo donde tenía que empezar a leer.
No sé porque, ya no volví a leer más en misa.